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  • Alejandro Lagos

Los parques matrimoniales, la tradición china donde los padres buscan pareja para sus hijos.



Cada fin de semana se reúnen con carteles que cuentan las características de los que quieren casarse.


Miles de parques públicos en China mantienen la tradición y sobreviven a la modernidad con una rutina centenaria: allí, cada fin de semana se transforman en “mercados matrimoniales”, que no son otra cosa que padres y abuelos intercambiando datos de sus hijos y nietos buscando formar pareja.


El matrimonio se considera un paso imprescindible en la vida de la mayoría de los chinos, aunque las jóvenes generaciones parecen querer apartarse de a poco de esta vieja tradición: prefieren para relacionarse el uso de aplicaciones como Tantan o Momo y ven esta práctica como anticuada, aunque lo tienen como complemento para conocer gente aceptada por la familia.


En cada encuentro enumeran los méritos de sus hijos, conocen a otros padres con el mismo propósito, charlan con ellos y, si hay suerte y los requisitos coinciden, acuerdan citas entre los jóvenes para ver si de ahí aparece la posibilidad de una boda. Y es que encontrar una pareja en China no es tarea fácil. Los hombres que alcanzan cierta edad se los considera "solteros de oro" y suelen ser los que se emparejan primero.


Sin embargo, para las mujeres es algo más complicado, ya que en el país asiático existe el término de"shengu" o "mujeres sobrantes", un concepto altamente despectivo que cataloga a aquellas que superan los veintitantos y aún no tienen una pareja estable.


Shanghai, el parque más grande


El Parque de las Personas de Shanghái es el más grande y famoso de China. Cada sábado y domingo, los familiares colocan letreros con información sobre sus hijos y los requisitos necesarios para aquellos que estén interesados.


Entre los postes de la plaza cuelgan pequeños carteles escritos a mano en los que se detallan los detalles personales de quienes buscan pareja con fines matrimoniales y los requisitos que piden al otro: edad, altura, peso, nivel de educación y de ingresos, si tienen vivienda propia. Intercalados entre ellos, avisos oficiales advierten la prohibición de mensajes de carácter sexual y de la posibilidad de que los carteles contengan datos falsos.


“Esos carteles están ahí siempre, pero muchos son tramposos”, advierte la señora Qin, una mujer de unos 60 años, que junto a una amiga se interioriza por posibles novios para su hija. La mejor manera de no salir engañado, asegura esta jubilada, es “hablar con los grupos de padres e ir comprobando datos”. La rutina habitual es que un miembro de la familia permanezca cerca del cartel que anuncia a la persona que quiere casarse, por si alguien se interesa. Otros darán pequeños paseos por los alrededores en busca de candidatos idóneos. En medio de todo esto, el parque se llena de música en vivo, servicios de acupuntura e incluso tratamientos para perder peso para los futuros recién casados.


En China las tradiciones pesan, más aún el matrimonio. Las mujeres solteras son vistas como un producto, una moneda de cambio que tiende a devaluarse una vez cumplidos los 27 años.


Esa resistencia a que sus hijas elijan la soltería como forma de vida hace que los padres encuentren en el Parque del Pueblo de Shanghái la chance de encontrar la "media naranja".


Padres y abuelos actúan como oferentes de los perfiles de sus hijos y nietos en edad o necesidades de casarse con la esperanza de encontrar una “buena” esposa para sus hijos.
 Allí, un anuncio con los datos básicos —fecha de nacimiento, altura, peso...— y la información más destacable —profesión, lugar de nacimiento...—es suficiente para estudiar la oferta.




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